¿Qué es esta forma de quererte, si no un atisbo,
La conjetura de que cierta perfección es posible?
¿Qué son estas sensaciones, si no la certeza
De que lo bueno que ha de venir depende de nosotros?
En este manojo de sentidos, pieles, deseos y saberes,
El amor tiene el sabor de lo esperado.
¿Quién podría entonces negar que la vida tenga estos recodos
En los que es posible descansar el uno sobre el anhelo del otro?
Anduvimos el tiempo de aquí allá, tan cercanos,
Hasta que la ciencia de lo casual, casi insólito diría,
Se encaprichó en juntarnos en este bálsamo de caricias
En el que cualquier dolor pierde su efecto y se diluye el tiempo.
Y el futuro, que se empeña en ser cuando aun no existe,
Ese obstinado fabricante de nubes que presagian sombra
Cambia su esencia a partir de nuestros deseos más profundos,
Para convertirse en la cuerda que nos liga con la cumbre que podemos ser.
Y nada anticipa tempestad en la lluvia de sueños que nos refresca,
Anclada en la calma que se sujeta a esta convicción
De que tenernos es algo bueno, cierto, intenso y transparente.
Tanto como la certeza de que lo bueno por venir depende de nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.