jueves, 15 de septiembre de 2011

Elmo Lesto

Es indudable que las personas no son las mismas después de conocerme: siempre alguien sale lastimado, confundido o al menos, irritado. Es como que la vida les transcurre, así, simple y lo más feliz posible -como debería tratar de hacer yo, reconozco-, y entonces... ¡zas! aparezco como una especie de Midas pero al revés: toco el oro y se convierte en una nada enrevesada, enrarecida y complicada. No creo conocer a alguien que no haya sumado algún peso en el plato equivocado de la balanza gracias a mi.

Creo sinceramente, que uno no puede pasarse la vida como yo, tratando de sentarse en la fila después de que comenzó la película, buscando el lugar de uno en la oscuridad y pidiendo permiso y disculpas mientras le pisa los pies al pobre tipo que se sentó antes porque simplemente llegó a tiempo.

-Perdón, ¿hace mucho que empezó?
-Si, ya está terminando

Y así las cosas, a veces en lugar de ir al cine voy a la calesita, y doy vueltas por semanas sin bajarme del caballito pero sin ligar la sortija. Y si voy a la montaña rusa, termino mareado y con nauseas. Un asco. Y si me quedo por ahí, dando vueltas por la plaza y mirando, siempre habrá un pájaro ensuciándome, un pelotazo a traición o un montón de arena en el zapato.

Mañana me pongo en firme y dejo de una vez por todas los juegos infantiles. Como que me llamo Elmo Lesto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.