Y te rodeo y te sujeto con mis brazos,
no, no digas nada, no hace falta.
Dejame que te mire y me piense afortunado
porque te tengo y te contengo, ya con un abrazo,
ya con mi alma desbordada de alegría.
Y te acaricio el pelo y juego con tus lacios,
y sigo el contorno de tu rostro, suavemente,
recorriéndolo con mi dedo índice, como jugando.
Te veo entonces entrecerrar los ojos,
un poco como descanso y otro poco por placer.
Te beso suavemente, muy suavemente,
y susurro en tu oido que te quiero tanto,
que voy a dejar que descanses y luego vuelvo,
nada más que para recordarte que te amo
y traerte ese tecito con miel que tanto te gusta.
Si, es mi imaginación la que desbocada sueña
pero ¿quién te dice? tal vez sientas
que por un instante al menos, yo estoy allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.