describe en el aire un presagio
de las suaves, frescas, persistentes gotas
que en momentos más en concierto caerán.
Cada lluvia anticipa un goce nuevo
que relanza en el alma aquel contento,
un gusto que se replica en la belleza
de la nueva flor, del bello renuevo abierto.
Esa delicia que retorna cada vez nos dice
con su suave, dulce y delicado aliento,
que la eternidad de los ciclos requiere solamente
de un baño de gracia, para no estar muertos.
Y una flor y otra flor, cada flor que nace,
se resiste a la terquedad del suelo seco,
sacando a relucir de un golpe aquello oculto,
todo lo que estuvo a refugio del escaso alimento.
Y miro el cielo y pienso que estar vivo,
es el regalo de recordar que una misma gracia
nos renueva los sentidos y nos lleva, a un tiempo,
a la maravillosa virtud de florecer de nuevo.
Qué maravilloso don el de poder plasmar el alma en tan bella y certera conjunción de palabras ...
ResponderEliminarUn don que permite llevar luz a los corazones mâs abismados...
Gracias... ¿que más puedo decir? Si, esto: gracias por justificar este blog...
ResponderEliminarAC