lunes, 7 de noviembre de 2011

Manos

Me paso la mano por la cara, en un gesto que es casi un tic por lo mucho que tiene de automático. Sospecho que inconscientemente he terminado creyendo que ese movimiento es capaz de borrar de una pasada el rastro de un largo día, a juzgar por la cantidad de veces que suelo hacerlo. Y descubrí además, que a mayor cansancio más pasadas. No, no es una publicidad de un limpiador o algo así. Es sólo mi descripción de una manía. 

Eso. Hago el gesto de barrido con la mano. Y entonces huelo su perfume.

Hoy estuvimos juntos y me tomó la mano, la acarició, la besó y jugó con mis dedos. Yo por mi parte puse mi mano suavemente de lado sobre su cara, como una almohada sobre la que ella pudiera recostar su cabeza. Y así jugamos un largo rato, tocándonos y mirándonos con mucha ternura, en ese espacio-tiempo propio en el que el planeta entero se muda de galaxia y nos da el respiro ansiado.

Y claro, quedó su perfume en mi mano.

Ella es tantas cosas para mi que una sola de ellas, aquella fragancia suave y delicada que la envuelve y la define, es suficiente para desatar en mi alma una vez más este torrente de sentires que me despierta quererla.

"Si, claro", pienso. "Es maravillosa" me digo a mi mismo, como para darle un buen cierre a una sensación que me desborda y me hace feliz.

Algunos dicen que le dicen a eso "amor". Yo lo defino sintiendo su perfume una vez más y susurrando su nombre como si en este exacto momento ella pudiera oirlo.

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