Había algo en el aire.
Sin embargo nos mirábamos y nos hablábamos pero sin decirnos, porque todavía no sabíamos.
Las horas, los días, los años corrieron. Más bien se nos escurrieron, se nos fueron entre los dedos y la circunstancia de no saber, entre momentos y aconteceres y sucederes, entre idas y venidas. Y seguíamos sin saber, aunque intuíamos algo.
Si todo tiene un tiempo nosotros lo tomamos todo, bastante más del que nos correspondía. O quizás no, toda vez que un fruto que madura cae por su peso; si se lo arranca temprano, antes de su momento, estará verde y no sabrá bien.
Es curioso: a pesar de esta ligazón, de este contenernos como si ahuecáramos las manos del alma para beber de a sorbos lo mejor de nosotros, sigue habiendo algo en el aire.
Es, seguramente, la estela que dejamos con nuestro aroma a sueño que merece ser cumplido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.