Voy a pegarlo en las tapas de los libros que más leés y voy a escribirlo en los papelitos arrugados que usás a modo de agenda. También en el jarro en el que tomás tu té caliente, y forzaré la vista para escribirlo chiquitito para que quepa en el mate y que cuando le pongas la yerba lo veas.
También me lo voy a pegar en la espalda para que cuando me veas irme lo sepas. Y lo voy a dejar de fondo de pantalla en tu celu y en tu compu, y lo voy a poner en lugar del número del colectivo y del cartel de taxi libre.
Me voy a hacer una remera con la frase y un gorro, uno de esos con visera larga que tapa el sol. Voy a pegarlo en los pétalos de un jazmín que no se seque, en las hojas de un arbolito bajo para que llegues, en las ventanas de los edificios, en los carteles publicitarios y en las estatuas esas de la gente ilustre con caballo.
Voy a pegarlo en los pasamanos de las entradas de los edificios, y en los techos de los ascensores, para esos momentos aburridos en que uno mira al techo hasta llegar a su piso. También voy a pedirle a un artesano que lo escriba en un grano de arroz y a un domador que lo pinte en el lomo de un elefante.
Los semáforos mostrarán mi cartel en rojo, verde y amarillo, y los policías harán señas mostrando como leer mi mensaje en el camino. Aprenderé lengua de señas y braille, para que no quede nadie afuera.
Las rayas de las esquinas, los carteles viales, las patentes de los autos, las cruces rojas de las ambulancias, las advertencias de los bomberos, las marquillas de los cigarrillos y hasta las estampillas del correo, todos tendrán cartelitos diciendo lo que quiero.
Las librerías venderán muchos lápices, pero no gomas, para que no los borren; el calendario de flores del Parque no marcará fechas sino estados; las hinchadas de futbol lo harán cantito en vez de insultos, y cada camiseta cambiará la publicidad para decir lo mismo. En el aire avionetas lo escribirán en nubes mientras hacen piruetas. En el río los dorados se cruzarán en el aire como escribiendo, y todo el mundo irá a un oculista para estar seguro de poder leerlo.
Tarjetas de colectivo, tickets de compras, boletas impagas, servilletas de bares, mazos de cartas, fichas de casino, perinolas y baleros, todos tendrán un rótulo así pegado, en letras bien grandes. Nada se llamará como solía, todo tendrá un mismo nombre, todos me mirarán y pensarán que me inspiré o que estoy un poco loco.
Es lógico que quién haya llegado hasta aquí quiera de una vez por todas conocer el misterio de las palabras impresas o pintadas o dibujadas o escritas a mano en mi cartelito.
Ninguna otra cosa puede decir, amor mío, que no sea "te amo".
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