viernes, 9 de diciembre de 2011

Verdadera belleza

Puedo percibir la inmensidad de la verdadera belleza porque la encuentro en las cosas pequeñas, sencillas, casi imperceptibles: una actitud amable, un gesto franco, cada rasgo particular que define un rostro y lo hace único, la maravilla de una gota o de una flor, o de la breve estela de un barco en el mar.

Lejos de verse ajada por la amargura y el egoismo, la verdadera belleza tendrá entonces aquel brillo que encandilará a los desprevenidos pero deleitará a quienes sepan mirarla de frente.

La belleza es, está, se luce aun entre la gris de la apatía, de la rutina y del desamor. Quien pretendiera esconder, tapar, oscurecer o negar la verdadera belleza, es un des-graciado, un caido de la gracia de apreciarla.

Pensándolo bien, percibir la verdadera belleza, más que un privilegio es un beneficio que recibimos al costo de cuidar nuestra propia esencia. Pero más costoso sería descuidarse y perder el placer de apreciarla.

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