domingo, 15 de enero de 2012

Un amor real

Sueño con un pueblo de fantasía en medio de un campo de fantasía, en el que árboles de fantasía mueven sus hojas de fantasía contra un cielo de fantasía cargado de nubes de fantasía. Mientras tanto, unas bellas flores de fantasía seducen y atraen abejas y mariposas de fantasía, las que danzan su danza de fantasía alrededor de tanta belleza de fantasía. En medio de tanta fantasía, un amor verdadero, real y concreto le pone sentido a toda aquella ilusión. Y entonces me despierto, confieso que con una dulce sensación de realidad en el cuerpo y en el alma.

Cierro los ojos y vuelvo a dormirme. Esta vez sueño con un pueblo real en medio de un campo real en el que árboles reales mueven sus hojas reales contra un cielo real cargado de nubes reales. Mientras tanto, bellas flores reales seducen y atraen abejas y mariposas reales que danzan una danza real alrededor de tanta belleza real. En medio de toda esta realidad, un amor de fantasía etéreo e irreal le roba todo sentido a aquello que parece tan real.

Y vuelvo a despertarme, esta vez muy sobresaltado. Me invade una sensación rara, esa como de pesadilla que es a la vez alarma y descubrimiento; es parecida a la que, supongo, tiene un marino cuando ve que su barco hace agua sin remedio y está muy lejos de la costa y sabe que aquello que va a suceder con total certeza es inevitable.

Me seco el sudor de la frente y pienso: 'Si me dan a elegir, prefiero mil veces la fantasía de un amor real'.

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