Tu suave perfume queda en mis manos,
una permanencia que confirma otra permanencia,
la del amor que nos sostiene, nos abarca y nos contiene.
Y también suave sobre mi hombro, tu perfume,
por todos aquellos momentos en que apoyaste tu cabeza,
queda, persistente, como fuerte esencia de pasiones frescas.
Cierta la certeza, aquella de estar aunque no estemos,
una que, empeñados, hacemos eterna si aun más se pudiera,
en ese rapto tan nuestro de querer perpetuarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.