sábado, 2 de febrero de 2013

Saber a ciencia cierta

Fuerza de toda fuerza, clemencia en las inclemencias,
dulzura en la mirada, vigilia muy dulce en las caricias.
Vueltas y más vueltas de manos, almas y cielos azules,
ojos envueltos en palabras no dichas que se revelan.

Un manojo de miradas, suspiros y cielos sin fronteras,
que nos pasan y nos traspasan para quedarse allí.
Lugar de rumbo incierto y con destino cierto,
para atreverse a llegar sin volver a partir, tal intercambio.

La nada no puede llenar el todo que todo llena,
en el cuenco frágil que resiste los embates del antojo.
Deseo deseable de a dos, repetible de a miles
y sin embargo siempre único, una unicidad de a uno.

Una algarabía que llena espacios vacíos y los completa,
en un placer más que compartido con pletórica sapiencia:
no es sino hasta el fin del no buscar que algo toma sentido,
es decir, el saber que del amor se trata, a ciencia cierta.

2 comentarios:

  1. Perdón por ser inclemente, en mi ansiedad de tenerte...
    Perdón por levantar fronteras en nuestro espacio de cielo que no las admite, porque es inmenso y eterno...
    Perdón por sembrar incertidumbre en este territorio de certeza que hemos conquistado con tanto afán, sabiendo que de amor se trata, a ciencia cierta...

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  2. "... en el cuenco frágil que resiste los embates del antojo..."

    Yo también te quiero

    ;)

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