¿Cómo sobreviví todos estos años
sin esa red perlada
lista para capturarme,
sin ese terreno muy blando
sobre el que prefiero caer
cuando me arrojo sin más protección
que una mirada?
¿Cómo sobreviví todos estos años,
sin el aroma, el sabor, la calidez,
el encuentro y la entrega;
sin el lugar de descanso,
que me desarma y vuelve a armar
sin otra pretensión
que una mirada?
De sobreviviente a ser viviente,
casi deshidratado de aquella savia,
celebro haber llegado
a la vera de la felicidad
de tener tu boca
sin otra pretensión
que una mirada.