martes, 24 de enero de 2012

Jamás domesticada

"Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro (...) Eres responsable para siempre de lo que has domesticado."
(Conversación entre el zorro y el Principito)
Domesticar, necesidad, amor -o amistad, que para el caso es lo mismo: yo y el otro y el otro y yo-. Le doy vueltas pero no hay caso: son como el agua y el aceite y no se mezclan. Se domestica a una mascota -hasta un zorro, te concedo- para que no muerda o arañe los muebles o se coma a otros bichos de la casa o haga esas cosas que las bestias suelen hacer en lugar de hablar. Pero a una persona se la domestica para esclavizarla y a un pueblo para dominarlo. Cuanta triste violencia hay en "porque te quiero -o porque te necesito- te voy a domesticar".

A ver, permítaseme elaborar esta teoría modificando ligeramente el discurso del zorro: "Pero, si nos amamos, tendremos necesidad uno del otro (...) Somos responsables de lo que juntos logremos."

No, no quiero reescribir El Principito. Sólo intento decirte que jamás intentaré domesticarte, amor. Te quiero así rebelde, inquieta y si querés, hasta jodida. Pero jamás domesticada, porque el amor se hace de a dos. Juntos, si, pero con la misma libertad de desear.

martes, 17 de enero de 2012

Seguir respirando

‎"Y ahora se lo que debo hacer: seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer, y quien sabe que traerá la marea."
Chuck Nolan, un náufrago.
Nubes grises, cielos cargados, gotas que caen como plomo sobre la piel desprotegida, como desgarrada de inclemencias o quemada de desolaciones o arrugada desde tiempos pretéritos. O tal vez desde ayer.

O quizás sea la rutina y la poca magia de ese hábito de ver el sol, sentir el sol, saber del sol, hablar del sol pero insistiendo en taparlo, ya no con una mano sino con un dedo, un solo dedo, el que siempre señala para el mismo lado, el contrario.

También puede ser que la felicidad, dama esquiva y traviesa si las hay, aparezca por un momento y se esfume luego al compás de sus caprichos, dejándonos solos y con nada más el resabio de una permanencia instantánea, y a veces, nada.

Pero ya se sabe, o debería saberse, que el mar es así. No por capricho: las mareas recorren su rol eterno y lo que parece deriva es en realidad un comportamiento fiel a la ley natural. Nadie puede culpar a la pleamar cuando llega ni a la bajamar por irse. Ambas obedecen ritmos a los que la vida les es tributaria.

Dado que yo también obedezco a ritmos y leyes, me toca no hacer el trabajo del mar sino de los hombres, procurando respirar para sostener en el tiempo este delgado hilo que une cuerpo y alma. El mar hace lo suyo.

Atempero entonces la incertidumbre de no saber qué traerá la marea sosteniendo la respiración y esperando el nuevo día que va a amanecer.

domingo, 15 de enero de 2012

Un amor real

Sueño con un pueblo de fantasía en medio de un campo de fantasía, en el que árboles de fantasía mueven sus hojas de fantasía contra un cielo de fantasía cargado de nubes de fantasía. Mientras tanto, unas bellas flores de fantasía seducen y atraen abejas y mariposas de fantasía, las que danzan su danza de fantasía alrededor de tanta belleza de fantasía. En medio de tanta fantasía, un amor verdadero, real y concreto le pone sentido a toda aquella ilusión. Y entonces me despierto, confieso que con una dulce sensación de realidad en el cuerpo y en el alma.

Cierro los ojos y vuelvo a dormirme. Esta vez sueño con un pueblo real en medio de un campo real en el que árboles reales mueven sus hojas reales contra un cielo real cargado de nubes reales. Mientras tanto, bellas flores reales seducen y atraen abejas y mariposas reales que danzan una danza real alrededor de tanta belleza real. En medio de toda esta realidad, un amor de fantasía etéreo e irreal le roba todo sentido a aquello que parece tan real.

Y vuelvo a despertarme, esta vez muy sobresaltado. Me invade una sensación rara, esa como de pesadilla que es a la vez alarma y descubrimiento; es parecida a la que, supongo, tiene un marino cuando ve que su barco hace agua sin remedio y está muy lejos de la costa y sabe que aquello que va a suceder con total certeza es inevitable.

Me seco el sudor de la frente y pienso: 'Si me dan a elegir, prefiero mil veces la fantasía de un amor real'.

viernes, 13 de enero de 2012

La súplica

Necesito de vos todo el tiempo.

Cuando estamos juntos, necesito de tus caricias. Cuando te miro pensando que sos mía, necesito convencerme de ello porque es demasiado perfecto. Incluso cuando vos me mirás, se cumple mi deseo porque necesito de la dulzura de tus ojos. Y cuando no estamos juntos, necesito saber de vos al tiempo que sueño, anhelo, nuestro próximo encuentro. 

¿Me llamás?

martes, 10 de enero de 2012

El amor, el niño y su territorio

Territorio virgen
que necesita ser descubierto y ocupado, el amor.
Conquista indispensable,
porque allí vive nuestro niño, ese que dice cosas bellas.
Lengua inventada,
muy viva, puede sonar a tontos pero nos sirve y mucho.
Porque sabe decir
lo que los idiomas severamente adultos nunca podrán.
Lengua de tontos,
de nuestro territorio en el que nos decimos cosas, el amor.

domingo, 8 de enero de 2012

Imagina paraisos

"... Llegar al paraíso por la escalera de la sorpresa."
Ralph Waldo Emerson

"Los sueños son sumamente importantes. Nada se hace sin que antes se imagine." 
George Lucas
La bruma se abandona
como abriéndose al primer deseo,
mientras en lo más alto del tajamar
la figura le impone el sentido a tanto avance.
Un hastío de marea que se rompe
sin más orden que interrumpir prestamente
la danza de brillos a partir de un estertor
que no es inesperado, sólo está a destiempo.
El destino de la sorpresa, según parece,
es el fin del no saber o del no querer,
uno que se presenta sin anunciarse,
para sellar con su impertinencia
la rueda que cierra la cueva
que es entrada de todos los temores.
Palabras sueltas se sembraron,
se cosecharon y se ataron en un fardo,
quedando a la intemperie de la emoción
sólo para que algo las una cuando yo las desate
y no se lancen desbocadas a decir aquello
que no me relate o que no quiera desembozar.
Ironía de la mecánica de las sorpresas,
se me hace que aquella que habilita el paraiso
comienza por no esperar a que suceda,
como con cualquiera de ellas.
Imagina tu paraíso, entonces,
y que salvados sean tus sueños
mientras se apronta, libre, la sorpresa.