Había algo en el aire.
Sin embargo nos mirábamos y nos hablábamos pero sin decirnos, porque todavía no sabíamos.
Las horas, los días, los años corrieron. Más bien se nos escurrieron, se nos fueron entre los dedos y la circunstancia de no saber, entre momentos y aconteceres y sucederes, entre idas y venidas. Y seguíamos sin saber, aunque intuíamos algo.
Si todo tiene un tiempo nosotros lo tomamos todo, bastante más del que nos correspondía. O quizás no, toda vez que un fruto que madura cae por su peso; si se lo arranca temprano, antes de su momento, estará verde y no sabrá bien.
Es curioso: a pesar de esta ligazón, de este contenernos como si ahuecáramos las manos del alma para beber de a sorbos lo mejor de nosotros, sigue habiendo algo en el aire.
Es, seguramente, la estela que dejamos con nuestro aroma a sueño que merece ser cumplido.
jueves, 29 de diciembre de 2011
viernes, 23 de diciembre de 2011
Suma de bienes
Está todo bien, pero seguramente mañana estará mejor. Si persevero y mañana digo lo mismo, deduzco que la suma de bienes será bastante grande con el correr del tiempo, y de un tamaño tal como para dar por descontado que llegaré a creer que todo está bien, realmente. Es decir, será más que un bien o una suma de bienes.
Pero pensándolo mejor, debería aprender de una vez por todas a multiplicar los bienes para que no sea tan arduo sumarlos. Necesito una profesora particular porque desde chiquito me dijeron que era duro para las matemáticas -lo duro era la escuela en aquella época, pero todavía sigo pensando que yo lo soy.
¿Tenés un rato para enseñarme, toda una vida digamos?
Pero pensándolo mejor, debería aprender de una vez por todas a multiplicar los bienes para que no sea tan arduo sumarlos. Necesito una profesora particular porque desde chiquito me dijeron que era duro para las matemáticas -lo duro era la escuela en aquella época, pero todavía sigo pensando que yo lo soy.
¿Tenés un rato para enseñarme, toda una vida digamos?
martes, 20 de diciembre de 2011
Elementos
Los elementos nos brotan:
fuego, tierra, aire y agua
parecen confluir, hacerse uno,
para luego estallar
a nuestro alrededor
y en nosotros mismos.
La pasión, el fuego.
La tierra, la vida.
El aire, nuestro aliento.
Y nuestras aguas surgentes,
nos mezclan en uno
para mirarnos y reirnos,
decirnos y mirarnos,
morir de amor abrazados
y volver a nacer
sólo para volver a mirarnos.
fuego, tierra, aire y agua
parecen confluir, hacerse uno,
para luego estallar
a nuestro alrededor
y en nosotros mismos.
La pasión, el fuego.
La tierra, la vida.
El aire, nuestro aliento.
Y nuestras aguas surgentes,
nos mezclan en uno
para mirarnos y reirnos,
decirnos y mirarnos,
morir de amor abrazados
y volver a nacer
sólo para volver a mirarnos.
lunes, 12 de diciembre de 2011
El cartelito
Voy a pegarlo en las tapas de los libros que más leés y voy a escribirlo en los papelitos arrugados que usás a modo de agenda. También en el jarro en el que tomás tu té caliente, y forzaré la vista para escribirlo chiquitito para que quepa en el mate y que cuando le pongas la yerba lo veas.
También me lo voy a pegar en la espalda para que cuando me veas irme lo sepas. Y lo voy a dejar de fondo de pantalla en tu celu y en tu compu, y lo voy a poner en lugar del número del colectivo y del cartel de taxi libre.
Me voy a hacer una remera con la frase y un gorro, uno de esos con visera larga que tapa el sol. Voy a pegarlo en los pétalos de un jazmín que no se seque, en las hojas de un arbolito bajo para que llegues, en las ventanas de los edificios, en los carteles publicitarios y en las estatuas esas de la gente ilustre con caballo.
Voy a pegarlo en los pasamanos de las entradas de los edificios, y en los techos de los ascensores, para esos momentos aburridos en que uno mira al techo hasta llegar a su piso. También voy a pedirle a un artesano que lo escriba en un grano de arroz y a un domador que lo pinte en el lomo de un elefante.
Los semáforos mostrarán mi cartel en rojo, verde y amarillo, y los policías harán señas mostrando como leer mi mensaje en el camino. Aprenderé lengua de señas y braille, para que no quede nadie afuera.
Las rayas de las esquinas, los carteles viales, las patentes de los autos, las cruces rojas de las ambulancias, las advertencias de los bomberos, las marquillas de los cigarrillos y hasta las estampillas del correo, todos tendrán cartelitos diciendo lo que quiero.
Las librerías venderán muchos lápices, pero no gomas, para que no los borren; el calendario de flores del Parque no marcará fechas sino estados; las hinchadas de futbol lo harán cantito en vez de insultos, y cada camiseta cambiará la publicidad para decir lo mismo. En el aire avionetas lo escribirán en nubes mientras hacen piruetas. En el río los dorados se cruzarán en el aire como escribiendo, y todo el mundo irá a un oculista para estar seguro de poder leerlo.
Tarjetas de colectivo, tickets de compras, boletas impagas, servilletas de bares, mazos de cartas, fichas de casino, perinolas y baleros, todos tendrán un rótulo así pegado, en letras bien grandes. Nada se llamará como solía, todo tendrá un mismo nombre, todos me mirarán y pensarán que me inspiré o que estoy un poco loco.
Es lógico que quién haya llegado hasta aquí quiera de una vez por todas conocer el misterio de las palabras impresas o pintadas o dibujadas o escritas a mano en mi cartelito.
Ninguna otra cosa puede decir, amor mío, que no sea "te amo".
También me lo voy a pegar en la espalda para que cuando me veas irme lo sepas. Y lo voy a dejar de fondo de pantalla en tu celu y en tu compu, y lo voy a poner en lugar del número del colectivo y del cartel de taxi libre.
Me voy a hacer una remera con la frase y un gorro, uno de esos con visera larga que tapa el sol. Voy a pegarlo en los pétalos de un jazmín que no se seque, en las hojas de un arbolito bajo para que llegues, en las ventanas de los edificios, en los carteles publicitarios y en las estatuas esas de la gente ilustre con caballo.
Voy a pegarlo en los pasamanos de las entradas de los edificios, y en los techos de los ascensores, para esos momentos aburridos en que uno mira al techo hasta llegar a su piso. También voy a pedirle a un artesano que lo escriba en un grano de arroz y a un domador que lo pinte en el lomo de un elefante.
Los semáforos mostrarán mi cartel en rojo, verde y amarillo, y los policías harán señas mostrando como leer mi mensaje en el camino. Aprenderé lengua de señas y braille, para que no quede nadie afuera.
Las rayas de las esquinas, los carteles viales, las patentes de los autos, las cruces rojas de las ambulancias, las advertencias de los bomberos, las marquillas de los cigarrillos y hasta las estampillas del correo, todos tendrán cartelitos diciendo lo que quiero.
Las librerías venderán muchos lápices, pero no gomas, para que no los borren; el calendario de flores del Parque no marcará fechas sino estados; las hinchadas de futbol lo harán cantito en vez de insultos, y cada camiseta cambiará la publicidad para decir lo mismo. En el aire avionetas lo escribirán en nubes mientras hacen piruetas. En el río los dorados se cruzarán en el aire como escribiendo, y todo el mundo irá a un oculista para estar seguro de poder leerlo.
Tarjetas de colectivo, tickets de compras, boletas impagas, servilletas de bares, mazos de cartas, fichas de casino, perinolas y baleros, todos tendrán un rótulo así pegado, en letras bien grandes. Nada se llamará como solía, todo tendrá un mismo nombre, todos me mirarán y pensarán que me inspiré o que estoy un poco loco.
Es lógico que quién haya llegado hasta aquí quiera de una vez por todas conocer el misterio de las palabras impresas o pintadas o dibujadas o escritas a mano en mi cartelito.
Ninguna otra cosa puede decir, amor mío, que no sea "te amo".
Con vos
Ya sea abrumado por paradojas o con todo resuelto,
con tristeza o con cielo en tus ojos de cielo,
es con vos con quién quiero estar.
Mi alegría es alegrarte si estás triste.
Mi felicidad es acompañarte si estás alegre.
Hoy por hoy nada encuentro en este mundo
que me haga tan feliz como saber que te tengo,
que somos como uno ya sea estemos cerca o lejos.
El resto... sólo sé que nos amamos
y eso... eso para ambos es un buen comienzo.
Un buen y nuevo comienzo.
con tristeza o con cielo en tus ojos de cielo,
es con vos con quién quiero estar.
Mi alegría es alegrarte si estás triste.
Mi felicidad es acompañarte si estás alegre.
Hoy por hoy nada encuentro en este mundo
que me haga tan feliz como saber que te tengo,
que somos como uno ya sea estemos cerca o lejos.
El resto... sólo sé que nos amamos
y eso... eso para ambos es un buen comienzo.
Un buen y nuevo comienzo.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Verdadera belleza
Puedo percibir la inmensidad de la verdadera belleza porque la encuentro en las cosas pequeñas, sencillas, casi imperceptibles: una actitud amable, un gesto franco, cada rasgo particular que define un rostro y lo hace único, la maravilla de una gota o de una flor, o de la breve estela de un barco en el mar.
Lejos de verse ajada por la amargura y el egoismo, la verdadera belleza tendrá entonces aquel brillo que encandilará a los desprevenidos pero deleitará a quienes sepan mirarla de frente.
La belleza es, está, se luce aun entre la gris de la apatía, de la rutina y del desamor. Quien pretendiera esconder, tapar, oscurecer o negar la verdadera belleza, es un des-graciado, un caido de la gracia de apreciarla.
Pensándolo bien, percibir la verdadera belleza, más que un privilegio es un beneficio que recibimos al costo de cuidar nuestra propia esencia. Pero más costoso sería descuidarse y perder el placer de apreciarla.
Lejos de verse ajada por la amargura y el egoismo, la verdadera belleza tendrá entonces aquel brillo que encandilará a los desprevenidos pero deleitará a quienes sepan mirarla de frente.
La belleza es, está, se luce aun entre la gris de la apatía, de la rutina y del desamor. Quien pretendiera esconder, tapar, oscurecer o negar la verdadera belleza, es un des-graciado, un caido de la gracia de apreciarla.
Pensándolo bien, percibir la verdadera belleza, más que un privilegio es un beneficio que recibimos al costo de cuidar nuestra propia esencia. Pero más costoso sería descuidarse y perder el placer de apreciarla.
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