Como un náufrago al último resto del navío
cuando ya todo lo que queda es la esperanza,
tus labios me rescatan y resisto.
No me caben dudas de que la vida
pasa por tus besos,
desde que siento que mi sangre fluye
sólo después del encuentro
de estas bocas nuestras.
De la exploración de las lenguas.
De los torrentes que van y vienen
desde y hacia ese puerto llamado Amémonos.
Sólo soy cuando somos,
sólo creo cuando ambos,
sólo respiro cuando tus caricias me asfixian.
Vamos, pensémonos.
Es nuestra forma de estar vivos.
Para siempre vivos.

