Esta fantasía onírica,
propia de un Carpenter
más que de Kurosawa,
nos abruma sin solución
de continuidad.
Pesadilla no deseada
como toda pesadilla,
que nos obliga
a esta ansiedad de epílogo,
uno que se demora,
lento, casi atroz,
pero que algún día
acabará, eso es seguro.
Nos salva soñar
nuestro propio sueño,
sueño dentro del sueño,
aquel refractario de pesadillas,
alentador de toda esperanza
de final deseado.
Que la ansiedad
no nos despierte, amor.
Sigamos soñando
dentro de nuestro sueño,
con aquellas gaviotas
que nos llevan lejos
cuando queremos fugar
de la pesadilla
de un cielo oscuro
que amenaza tormenta,
hacia el destino de lo real.
martes, 27 de septiembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
Oportunidad
Impotencia. No poder, no saber, no tener respuestas. Fea sensación, antipática convicción.Pero, ¿cómo puede convertirse un no sé en impotencia? Tal vez por pensar que no tener una respuesta ya es de por sí la respuesta. Personalmente, no creo que no poder o no saber sean una respuesta, no necesariamente. Tal vez esa sensación sea una de las maneras en que la vida nos dice que hay que aguardar, esperar el momento, dejar que madure.
Es muy sencillo, claro, decirle al otro qué hacer, simplemente por no estar en sus zapatos. Por eso siento que lo mejor que puedo hacer por vos, es ayudarte a recordar juntos que para muchos los errores más sencillos de ver son los que comete el otro. Vos debés, vos tenés qué, etcétera. ¿Y?
Escondida detrás de esa sensación de impotencia se encuentra una oportunidad, que todavía no se reconoce como tal porque no maduró.
Uno es quién es, no quién debería por mandato ajeno, como si uno fuese un traje a medida de las debilidades, fragilidades o superficialidades del otro. Por eso a algunas personas les quedamos mal: no somos su talle, no les cabemos, no somos su color. Pero eso no cambia el paño con el que estamos hechos. Tal vez deberíamos invitarlos a buscar otro sastre o, simplemente, dejar que queden desnudos para poder mirarse al espejo y verse tal cual son. Y así quizás descubran que todo lo que tenían de hermoso era nosotros.
Pero no me malinterpretes: acepto y sé que somos necesarios y necesitados. Lo que digo es que, si de amor se trata, nos completamos en el otro, con el otro, para el otro. No en contra, sobre o en desmedro del otro.
Por eso ese espejismo llamado impotencia necesita de nuestra fuerza, de nuestras certezas, de nuestra mirada más allá del ahora, para simplemente ser la fuerza contenida que se libere cuando veamos claro. Si sentimos que no podemos, es porque queremos poder hacer. Nada menos.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Sospecha real
No hay hombre alguno sobre esta tierra
que pueda darle lo que usted merece, mi reina.
Pero sospecho que podría acercarme bastante, alteza,
después de sitiarla y conquistarla.
que pueda darle lo que usted merece, mi reina.
Pero sospecho que podría acercarme bastante, alteza,
después de sitiarla y conquistarla.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Ciclos
Todo lo que renace requiere su tiempo, que es el propio.
Puede ser aquella flor en primavera, que no acepta calendarios,
y renace a su propio tiempo cuando los ciclos se renuevan.
Puede ser un recuerdo feliz en la pena, que no acepta refrendas
de su valor relativo, cuando nuestra supervivencia depende de él.
O puede ser nuestro amor, que renace con cada palabra, con cada gesto,
con cada mirada y una luminosa esperanza que es nuestra dulce ofrenda.
Vivimos un setiembre perpetuo, una época dorada, una vela continua,
un alerta permanente que es a la vez el descanso cierto
de saber que estás, estoy, estamos y estaremos siempre
en un renacer de nuestro amor con su ciclo perfecto.
Puede ser aquella flor en primavera, que no acepta calendarios,
y renace a su propio tiempo cuando los ciclos se renuevan.
Puede ser un recuerdo feliz en la pena, que no acepta refrendas
de su valor relativo, cuando nuestra supervivencia depende de él.
O puede ser nuestro amor, que renace con cada palabra, con cada gesto,
con cada mirada y una luminosa esperanza que es nuestra dulce ofrenda.
Vivimos un setiembre perpetuo, una época dorada, una vela continua,
un alerta permanente que es a la vez el descanso cierto
de saber que estás, estoy, estamos y estaremos siempre
en un renacer de nuestro amor con su ciclo perfecto.
Tu amor me hace fuerte
Cuando sea egoista y débil,
estado que se repite
en esta lenta agonía
de quererte bien y
tenerte de a ratos,
¿me podrás perdonar?
Y ya que estamos,
y viendo que tu amor
me hace mejor
y me hace fuerte,
¿podremos seguir
soñando juntos?
Te juro, amor:
si se muere nuestro sueño,
se me mueren también con él
todos, todos los sueños.
estado que se repite
en esta lenta agonía
de quererte bien y
tenerte de a ratos,
¿me podrás perdonar?
Y ya que estamos,
y viendo que tu amor
me hace mejor
y me hace fuerte,
¿podremos seguir
soñando juntos?
Te juro, amor:
si se muere nuestro sueño,
se me mueren también con él
todos, todos los sueños.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Ojalá la pena
Ojalá la pena,
esa penosa rueda
que va de aquí allá,
me dejara afuera
de su penosa cuenta.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
Pena que rueda y rueda
sobre su eje pena,
pena de amor que duele,
duele eterna y se niega
a dejarme solo apenas.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
Pena que mi alegría llena,
la de tus ojos brillo
que de brillo juegan,
porque el no verte puebla
de pena dolor mi pena.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
esa penosa rueda
que va de aquí allá,
me dejara afuera
de su penosa cuenta.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
Pena que rueda y rueda
sobre su eje pena,
pena de amor que duele,
duele eterna y se niega
a dejarme solo apenas.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
Pena que mi alegría llena,
la de tus ojos brillo
que de brillo juegan,
porque el no verte puebla
de pena dolor mi pena.
Pena que rueda eterna
sobre la misma pena.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Todo aquello que es importante
Creo que todo aquello que es realmente importante en la vida no puede ser exigido. Solo es posible anhelarlo y recibirlo sí y cuando viene, porque una paradoja de la vida es que cierta alquimia convierte la importancia de algo en un recipiente vacío cuando se lo demanda.
El amor que nos completa y redefine, la paz adentro de uno que crea el clima para pensar bien, esa gracia de saber que lo bueno llega aun a pesar de nosotros mismos, el perdón como una habilidad de darnos cuenta de que vos y yo somos iguales, la compasión como consigna deliberada de quererte y comprenderte, son los estados o como quiera que los llamen, que justamente sufren aquella transformación si uno los exige en vez de anhelarlos y esperarlos.
Y justamente, la esperanza. ¿Será esa condición, ese estado, el que nos deja ver cuando todo aquello viene? Tal vez. A mi me gusta ese estado, la esperanza, porque me permite mirar hacia adelante y ver, y a la vez aguardar. Los impacientes están perdidos: aunque lo vean y sea real nunca lo tendrán, porque exigen alcanzarlo ya. Qué fácil es entonces anclarse en el pasado o ahogarse en el presente, cuando no se tiene esa luz, aun pequeña, por delante.
Por esto es que creo que todo lo que es importante no puede, no debe, no necesita ser exigido. Si nos toca tenerlo es que la esperanza fue cierta. Y si nunca llega, lo valioso entonces fue la espera.
El amor que nos completa y redefine, la paz adentro de uno que crea el clima para pensar bien, esa gracia de saber que lo bueno llega aun a pesar de nosotros mismos, el perdón como una habilidad de darnos cuenta de que vos y yo somos iguales, la compasión como consigna deliberada de quererte y comprenderte, son los estados o como quiera que los llamen, que justamente sufren aquella transformación si uno los exige en vez de anhelarlos y esperarlos.
Y justamente, la esperanza. ¿Será esa condición, ese estado, el que nos deja ver cuando todo aquello viene? Tal vez. A mi me gusta ese estado, la esperanza, porque me permite mirar hacia adelante y ver, y a la vez aguardar. Los impacientes están perdidos: aunque lo vean y sea real nunca lo tendrán, porque exigen alcanzarlo ya. Qué fácil es entonces anclarse en el pasado o ahogarse en el presente, cuando no se tiene esa luz, aun pequeña, por delante.
Por esto es que creo que todo lo que es importante no puede, no debe, no necesita ser exigido. Si nos toca tenerlo es que la esperanza fue cierta. Y si nunca llega, lo valioso entonces fue la espera.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Absolutamente, jamás
Tu alma bondadosa.
Tu caracter sólido, fuerte.
Tu sonrisa, que derrite.
Tus ojos, que hablan claro.
Tus piernas, interminables.
Tu boca tan suave.
Tu inteligencia, contundente.
Tu humor refrescante.
Tu integridad a toda prueba.
Tus palabras siempre justas.
Tu amor por los que amás.
Tu gusto refinado.
Tu piel perfumada.
Tu deseo arrabatador.
Tu sexo perfecto.
Tu sencilla elegancia.
Tu pícara ingenuidad.
Tus manos, tan bellas.
Tu independencia.
Tu enojo en las injusticias.
Tu puntualidad.
Tu buen gusto.
Tu pasión por el chocolate.
Tu rubor.
Tu melancolía.
Tu entrega.
Tus pies.
Tu cabello.
Tus besos, que atrapan.
Tus enojos, siempre oportunos.
Tu mirada de mi.
Tu apoyo, que me sostiene.
Todo eso amo y nada, absolutamente, jamás
será mejor o más importante que amarte.
Tu caracter sólido, fuerte.
Tu sonrisa, que derrite.
Tus ojos, que hablan claro.
Tus piernas, interminables.
Tu boca tan suave.
Tu inteligencia, contundente.
Tu humor refrescante.
Tu integridad a toda prueba.
Tus palabras siempre justas.
Tu amor por los que amás.
Tu gusto refinado.
Tu piel perfumada.
Tu deseo arrabatador.
Tu sexo perfecto.
Tu sencilla elegancia.
Tu pícara ingenuidad.
Tus manos, tan bellas.
Tu independencia.
Tu enojo en las injusticias.
Tu puntualidad.
Tu buen gusto.
Tu pasión por el chocolate.
Tu rubor.
Tu melancolía.
Tu entrega.
Tus pies.
Tu cabello.
Tus besos, que atrapan.
Tus enojos, siempre oportunos.
Tu mirada de mi.
Tu apoyo, que me sostiene.
Todo eso amo y nada, absolutamente, jamás
será mejor o más importante que amarte.
Una flor y otra flor, cada flor
describe en el aire un presagio
de las suaves, frescas, persistentes gotas
que en momentos más en concierto caerán.
Cada lluvia anticipa un goce nuevo
que relanza en el alma aquel contento,
un gusto que se replica en la belleza
de la nueva flor, del bello renuevo abierto.
Esa delicia que retorna cada vez nos dice
con su suave, dulce y delicado aliento,
que la eternidad de los ciclos requiere solamente
de un baño de gracia, para no estar muertos.
Y una flor y otra flor, cada flor que nace,
se resiste a la terquedad del suelo seco,
sacando a relucir de un golpe aquello oculto,
todo lo que estuvo a refugio del escaso alimento.
Y miro el cielo y pienso que estar vivo,
es el regalo de recordar que una misma gracia
nos renueva los sentidos y nos lleva, a un tiempo,
a la maravillosa virtud de florecer de nuevo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Preferencias
Te confieso:antes que soñarte solo
y aun antes
que soñar juntos,
prefiero despertar
y tenerte
entre mis brazos.
Pintura: El Abrazo, por Santiago Carbonell
Elmo Lesto
Es indudable que las personas no son las mismas después de conocerme: siempre alguien sale lastimado, confundido o al menos, irritado. Es como que la vida les transcurre, así, simple y lo más feliz posible -como debería tratar de hacer yo, reconozco-, y entonces... ¡zas! aparezco como una especie de Midas pero al revés: toco el oro y se convierte en una nada enrevesada, enrarecida y complicada. No creo conocer a alguien que no haya sumado algún peso en el plato equivocado de la balanza gracias a mi.
Creo sinceramente, que uno no puede pasarse la vida como yo, tratando de sentarse en la fila después de que comenzó la película, buscando el lugar de uno en la oscuridad y pidiendo permiso y disculpas mientras le pisa los pies al pobre tipo que se sentó antes porque simplemente llegó a tiempo.
-Perdón, ¿hace mucho que empezó?
-Si, ya está terminando
Y así las cosas, a veces en lugar de ir al cine voy a la calesita, y doy vueltas por semanas sin bajarme del caballito pero sin ligar la sortija. Y si voy a la montaña rusa, termino mareado y con nauseas. Un asco. Y si me quedo por ahí, dando vueltas por la plaza y mirando, siempre habrá un pájaro ensuciándome, un pelotazo a traición o un montón de arena en el zapato.
Mañana me pongo en firme y dejo de una vez por todas los juegos infantiles. Como que me llamo Elmo Lesto.
Creo sinceramente, que uno no puede pasarse la vida como yo, tratando de sentarse en la fila después de que comenzó la película, buscando el lugar de uno en la oscuridad y pidiendo permiso y disculpas mientras le pisa los pies al pobre tipo que se sentó antes porque simplemente llegó a tiempo.
-Perdón, ¿hace mucho que empezó?
-Si, ya está terminando
Y así las cosas, a veces en lugar de ir al cine voy a la calesita, y doy vueltas por semanas sin bajarme del caballito pero sin ligar la sortija. Y si voy a la montaña rusa, termino mareado y con nauseas. Un asco. Y si me quedo por ahí, dando vueltas por la plaza y mirando, siempre habrá un pájaro ensuciándome, un pelotazo a traición o un montón de arena en el zapato.
Mañana me pongo en firme y dejo de una vez por todas los juegos infantiles. Como que me llamo Elmo Lesto.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El tiempo y el guijarro
la que al correr le moldea el agua.
Algunos redondos, otros planos,
muchos bellos, y llamativos acaso,
el guijarro no decide el modelo,
ni dibuja sus bordes o tamaño.
Simplemente tiene de su lado al tiempo
y al tiempo le deja hacer su trabajo.
En eso la piedra y yo somos diferentes,
(en realidad ningún hombre se le parece):
aunque conozca yo la forma que deseo,
y aunque los días pasen y más claro pueda verlo,
no tengo al tiempo obrando de mi lado.
Y si ansío tener todo y si anhelo el paraíso
tendré sólo la utopía, triste consuelo,
de dejar correr el agua en mis flancos
y que el tiempo decida lento en su lento paso.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Declaración de independencia
Es imposible que me sienta, me sepa o me crea solo, o que te reclame mi compañía como excusa para no quedarme frente a frente con esa soledad tan temida. Puedo sentirme acompañado en la ausencia, tanto como puedo disfrutar de la soledad aun entre una abigarrada multitud.
Como entiendo que necesitar al otro por temer la soledad es egoismo en su más puro estado, yo prefiero poner a la soledad en positivo: puedo estar solo porque puedo estar conmigo.
Podría afirmar sin la más mínima duda, por no temerle a la soledad, que no te amo porque te necesito sino que te necesito porque te amo.
Como entiendo que necesitar al otro por temer la soledad es egoismo en su más puro estado, yo prefiero poner a la soledad en positivo: puedo estar solo porque puedo estar conmigo.
Podría afirmar sin la más mínima duda, por no temerle a la soledad, que no te amo porque te necesito sino que te necesito porque te amo.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Valor
Algo le despertaba interrogantes y los lanzaba en tropel:
- La pasan bien juntos. Conversan todo y se dicen las cosas que se deben decir. Comparten los buenos momentos, con buen humor. Se quieren. ¿Por qué quiere dejarlo, entonces? ¿Por mi?
Y claro, como él no tenía ni la mitad de eso, la conclusión llegó sola, contundente e inevitable:
- Definitivamente, estoy sobrevaluado.
- La pasan bien juntos. Conversan todo y se dicen las cosas que se deben decir. Comparten los buenos momentos, con buen humor. Se quieren. ¿Por qué quiere dejarlo, entonces? ¿Por mi?
Y claro, como él no tenía ni la mitad de eso, la conclusión llegó sola, contundente e inevitable:
- Definitivamente, estoy sobrevaluado.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Una mueca sonriente
-Seguramente te resultará obvio, pero me di cuenta de que la vida está hecha de pequeños detalles.
Dicho esto, se llamó a silencio. Supo con absoluta certeza que ella había captado su mueca sonriente al decirlo, porque a ella nunca jamás se le escapa un detalle. Es más, quién lo había educado en el delicado arte de captar lo sutil y transparente de los pequeños gestos había sido justamente ella: aquella nota escrita y enviada a tiempo, esa mirada de aprobación, un suspiro antes de una respuesta complicada. En fin, detalles.
Él había consumido casi la mitad de su vida -al menos, esa parte del total que suponía viviría- mirando, buscando, intentando asombrarse con los grandes momentos, las situaciones espectaculares, las respuestas resonantes y hasta los regalos sorprendentes. Pero claro, siempre llegaba a la misma conclusión:
-Es lindo, pero...
Ahora que comprendía los secretos de la sutileza y la maravilla de los detalles, disfrutaba detenerse ante las pequeñas cosas, los bellos instantes o los cruces casuales -como aquella vez que se quedó absorto mirando como un joven hacía un cisne con el papel metalizado de los cigarrillos y se lo regalaba a su chica, que lo agradecía como si hubiese recibido el diamante más brillante del mundo. Pero él no admiró en ese momento la destreza del muchacho, claro, sino la belleza de los detalles: la perfección del cisne de papel, la expectación de ella ante el artista creando, la cara del enamorado delatando su enamoramiento.
Tal como él suponía ella advirtió aquella mueca, pero como especialista en detalles que era también se dió cuenta de que él se había escapado ensimismado en aquellos pensamientos y estuvo a punto de reprocharle:
-Si, y sería un buen detalle que te quedes aquí conmigo en vez de perderte en tus grandes historias y recuerdos.
Pero no, no se lo dijo. Después de todo, él había dicho una gran verdad y ella no quiso perderse el detalle de sentir cuanto disfrutaba de verlo así, con aquella mueca sonriente.
Dicho esto, se llamó a silencio. Supo con absoluta certeza que ella había captado su mueca sonriente al decirlo, porque a ella nunca jamás se le escapa un detalle. Es más, quién lo había educado en el delicado arte de captar lo sutil y transparente de los pequeños gestos había sido justamente ella: aquella nota escrita y enviada a tiempo, esa mirada de aprobación, un suspiro antes de una respuesta complicada. En fin, detalles.
Él había consumido casi la mitad de su vida -al menos, esa parte del total que suponía viviría- mirando, buscando, intentando asombrarse con los grandes momentos, las situaciones espectaculares, las respuestas resonantes y hasta los regalos sorprendentes. Pero claro, siempre llegaba a la misma conclusión:
-Es lindo, pero...
Ahora que comprendía los secretos de la sutileza y la maravilla de los detalles, disfrutaba detenerse ante las pequeñas cosas, los bellos instantes o los cruces casuales -como aquella vez que se quedó absorto mirando como un joven hacía un cisne con el papel metalizado de los cigarrillos y se lo regalaba a su chica, que lo agradecía como si hubiese recibido el diamante más brillante del mundo. Pero él no admiró en ese momento la destreza del muchacho, claro, sino la belleza de los detalles: la perfección del cisne de papel, la expectación de ella ante el artista creando, la cara del enamorado delatando su enamoramiento.
Tal como él suponía ella advirtió aquella mueca, pero como especialista en detalles que era también se dió cuenta de que él se había escapado ensimismado en aquellos pensamientos y estuvo a punto de reprocharle:
-Si, y sería un buen detalle que te quedes aquí conmigo en vez de perderte en tus grandes historias y recuerdos.
Pero no, no se lo dijo. Después de todo, él había dicho una gran verdad y ella no quiso perderse el detalle de sentir cuanto disfrutaba de verlo así, con aquella mueca sonriente.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Un tecito con miel
Y te rodeo y te sujeto con mis brazos,
no, no digas nada, no hace falta.
Dejame que te mire y me piense afortunado
porque te tengo y te contengo, ya con un abrazo,
ya con mi alma desbordada de alegría.
Y te acaricio el pelo y juego con tus lacios,
y sigo el contorno de tu rostro, suavemente,
recorriéndolo con mi dedo índice, como jugando.
Te veo entonces entrecerrar los ojos,
un poco como descanso y otro poco por placer.
Te beso suavemente, muy suavemente,
y susurro en tu oido que te quiero tanto,
que voy a dejar que descanses y luego vuelvo,
nada más que para recordarte que te amo
y traerte ese tecito con miel que tanto te gusta.
Si, es mi imaginación la que desbocada sueña
pero ¿quién te dice? tal vez sientas
que por un instante al menos, yo estoy allí.
no, no digas nada, no hace falta.
Dejame que te mire y me piense afortunado
porque te tengo y te contengo, ya con un abrazo,
ya con mi alma desbordada de alegría.
Y te acaricio el pelo y juego con tus lacios,
y sigo el contorno de tu rostro, suavemente,
recorriéndolo con mi dedo índice, como jugando.
Te veo entonces entrecerrar los ojos,
un poco como descanso y otro poco por placer.
Te beso suavemente, muy suavemente,
y susurro en tu oido que te quiero tanto,
que voy a dejar que descanses y luego vuelvo,
nada más que para recordarte que te amo
y traerte ese tecito con miel que tanto te gusta.
Si, es mi imaginación la que desbocada sueña
pero ¿quién te dice? tal vez sientas
que por un instante al menos, yo estoy allí.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Tatuaje
Se lo cruzó de nuevo después de tantos años, al entrar en el perfil de un amigo en común para saludarlo por su cumpleaños. Fue ella quién se animó a abrir el juego, un poco porque tenía cosas para decir y otro poco porque intuía que él no lo haría. Siempre supo que pueden olvidarse muchas cosas de una vieja historia pero no las manías que ambos se toleraron alguna vez al son de ese amor de primavera.
- Tenía ganas de charlar con vos -le dijo-, quizás como una manera de reconciliarme con un momento de nuestras vidas. Fuiste el primero con el que experimenté muchos sentimientos nuevos. Y eso, como un tatuaje, está.
Conversaron un rato; se dijeron cosas de chicos con lenguaje de adulto y se despidieron hasta otra vez. Seguramente será mucho antes de lo que ellos mismos se imaginan.
- Tenía ganas de charlar con vos -le dijo-, quizás como una manera de reconciliarme con un momento de nuestras vidas. Fuiste el primero con el que experimenté muchos sentimientos nuevos. Y eso, como un tatuaje, está.
Conversaron un rato; se dijeron cosas de chicos con lenguaje de adulto y se despidieron hasta otra vez. Seguramente será mucho antes de lo que ellos mismos se imaginan.
Paleta
Si yo fuera pintor tendría en mi paleta rojo, marrón, blanco y celeste, para pintar tu rubor, tus ojos, tu alma y nuestro cielo.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Ya sé no me digás, tenés razón...
Uno intenta hacer lo mejor que puede, viste. Pero la vida a veces se encapricha y se larga sola a decidir, y bueno, no nos deja mucho margen. O tal vez sea uno mismo el que convoca esos caprichos y no lo sabe o no se da cuenta. O sí, que sé yo.
Creo que algo de eso me pasó cuando me diste aquella señal. Mi semáforo -dale, aceptame esta comparación medio pedestre- estuvo en color amarillo bastante tiempo pero no me dormí. Cuando pasó al verde, metí acelerador a fondo. Puta ilusión óptica, vi una recta infinita y resulta que se me vino la curva de frente y de golpe. No, te juro, no la vi.
Vos disculparás la letra, pero sucede que mientras te escribo esto sigo dando tumbos, porque el golpe fue fuerte y no me puedo detener.
La cosa es que esta mañana -en uno de los tumbos pegué con la cabeza en el espejito retrovisor, ¡que dolor!- empecé a pensar que esto de dar vueltas en el aire tal vez sea lo mío, como una suerte de métier de trapecista sin red, o volviendo a mi ilustración de semáforos y curvas, como una especie de conductor sin cinturón de seguridad.
Te aclaro que no dejé de usarlo por distracción sino por vocación, y vos dirás que probablemente eso sea un problema. Vos me conocés pero viste como es, quién me ve de afuera y no me conoce tal vez piense 'éste no se lo puso para no arrugar la pilcha'. Sí, ese es mi otro sino: hacer gestos de una cosa y que me entiendan otra. En fin.
Pero ¿sabés qué? me cansé de la prudencia. Si, me volví imprudente. Ahora tengo que ver que hago con mis pruritos y mis obsesiones, pero esperá que deje de dar vueltas y vas a ver.
Quitármelo cuando más lo necesitaba -hablo del cinturón, claro- fue sólo un detalle, pero por momentos lo único que me importa es lograr sobrevivir a los golpes. Hay otros momentos en que no, ni siquiera eso.
Pero te digo algo: vos hacé lo que tengas que hacer. Y si pensás que no podés esperar nada de mi, tenés razón. Es inútil confiar en alguien golpeado y encima, cobarde. Pero no te preocupes. Tengo tu fotito acá en el tablero del auto. Entre tumbo y tumbo la miro, y esquivando otro golpe sonrío y me digo a mi mismo que de algún modo, todavía te tengo.
Creo que algo de eso me pasó cuando me diste aquella señal. Mi semáforo -dale, aceptame esta comparación medio pedestre- estuvo en color amarillo bastante tiempo pero no me dormí. Cuando pasó al verde, metí acelerador a fondo. Puta ilusión óptica, vi una recta infinita y resulta que se me vino la curva de frente y de golpe. No, te juro, no la vi.
Vos disculparás la letra, pero sucede que mientras te escribo esto sigo dando tumbos, porque el golpe fue fuerte y no me puedo detener.
La cosa es que esta mañana -en uno de los tumbos pegué con la cabeza en el espejito retrovisor, ¡que dolor!- empecé a pensar que esto de dar vueltas en el aire tal vez sea lo mío, como una suerte de métier de trapecista sin red, o volviendo a mi ilustración de semáforos y curvas, como una especie de conductor sin cinturón de seguridad.
Te aclaro que no dejé de usarlo por distracción sino por vocación, y vos dirás que probablemente eso sea un problema. Vos me conocés pero viste como es, quién me ve de afuera y no me conoce tal vez piense 'éste no se lo puso para no arrugar la pilcha'. Sí, ese es mi otro sino: hacer gestos de una cosa y que me entiendan otra. En fin.
Pero ¿sabés qué? me cansé de la prudencia. Si, me volví imprudente. Ahora tengo que ver que hago con mis pruritos y mis obsesiones, pero esperá que deje de dar vueltas y vas a ver.
Quitármelo cuando más lo necesitaba -hablo del cinturón, claro- fue sólo un detalle, pero por momentos lo único que me importa es lograr sobrevivir a los golpes. Hay otros momentos en que no, ni siquiera eso.
Pero te digo algo: vos hacé lo que tengas que hacer. Y si pensás que no podés esperar nada de mi, tenés razón. Es inútil confiar en alguien golpeado y encima, cobarde. Pero no te preocupes. Tengo tu fotito acá en el tablero del auto. Entre tumbo y tumbo la miro, y esquivando otro golpe sonrío y me digo a mi mismo que de algún modo, todavía te tengo.
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