Por eso sediento anhelo recibirte, beberte toda muy lentamente, casi esperando que cada gota sea eterna pero que al mismo tiempo, finalmente nos estalle abrazados.
Y te siento, luego respiro. Recibo tu mirada, tu anhelo, tu pulso latiendo, y me recupero como al respirar el aire limpio y refrescante que, luego de aquella lluvia, baña todo y crea un glorioso verde nuevo.
Levanto la mirada y te veo y entiendo que no soy ya un suelo seco. He hallado la felicidad en el deseo de mojarme en vos, y percibir que tu amor me devuelve a la vida como un brote nuevo.
Feliz cumpleaños, mi vida...
