Creo que todo aquello que es realmente importante en la vida no puede ser exigido. Solo es posible anhelarlo y recibirlo sí y cuando viene, porque una paradoja de la vida es que cierta alquimia convierte la importancia de algo en un recipiente vacío cuando se lo demanda.
El amor que nos completa y redefine, la paz adentro de uno que crea el clima para pensar bien, esa gracia de saber que lo bueno llega aun a pesar de nosotros mismos, el perdón como una habilidad de darnos cuenta de que vos y yo somos iguales, la compasión como consigna deliberada de quererte y comprenderte, son los estados o como quiera que los llamen, que justamente sufren aquella transformación si uno los exige en vez de anhelarlos y esperarlos.
Y justamente, la esperanza. ¿Será esa condición, ese estado, el que nos deja ver cuando todo aquello viene? Tal vez. A mi me gusta ese estado, la esperanza, porque me permite mirar hacia adelante y ver, y a la vez aguardar. Los impacientes están perdidos: aunque lo vean y sea real nunca lo tendrán, porque exigen alcanzarlo ya. Qué fácil es entonces anclarse en el pasado o ahogarse en el presente, cuando no se tiene esa luz, aun pequeña, por delante.
Por esto es que creo que todo lo que es importante no puede, no debe, no necesita ser exigido. Si nos toca tenerlo es que la esperanza fue cierta. Y si nunca llega, lo valioso entonces fue la espera.
Parapetarnos tras la esperanza puede antojársele al resto del mundo como ridículo, patético, nostálgico ...o cuanto menos, esdrújulo...
ResponderEliminarSerá por eso que estamos de este lado del resto del mundo...?
Si es con vos, a mí me alcanza.
No, no sé, mi querida Anónima. Que piensen y digan lo que quieran... Yo me aferro a eso para poder sobrevivir... sin nosotros...
ResponderEliminar;)
AC