¿Adónde van las mariposas cuando ya no vuelan más en nuestros ojos? Y si nos queda la duda de su partida, ¿será que las escondimos entre los pliegues de los soles que guardamos para desempolvar durante próximo suspiro, el que sin dudas va a llegar, como un estertor de añoranzas insoportables?
Nos leo y nos recuerdo. Nos recuerdo y nos sufro. Nos sufro y nos maldigo. ¿Será que todo lo bueno no se sostiene, sino por la pena de quererlo más, de quererlo mejor, de quererlo perfecto y no tan sólo perfectible?
Vaya uno a saber que demoras son tan trágicas como para que nos venzan. Tal vez las del tiempo o tan luego las de la distancia o las ausencias. Ninguna de ellas de amor, se sabe.
El sujeto del espejo me mira y me niega. Seguramente me cree torpe, y tal vez no se equivoque. Pero odio pensar que él tal vez no me entienda porque, ¿qué quedaría entonces para otras instancias, las nuestras?
Miramos embelesados la salida de la vida, mientras la vida misma está saliendo por su propio horizonte, justamente el que no miramos.
La noche avanza, los ojos se cierran y escribir es una tarea por demás ardua, abrumada como está por el peso de lo que no decimos y le endosamos.
El olvido no paga.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
Me salen bien los sueños
No es lo mismo soñar que dormir y a mi me salen bien los sueños cuando estoy despierto.
Cierro los ojos y sueño, y vuelvo a abrirlos cuando quiero soñar porque no hay nada mejor que hacerlo como cuando sueño mis sueños.
El resto queda para cuando duermo: la pesadilla de soñar que no despierto y ya no puedo soñarte.
Cierro los ojos y sueño, y vuelvo a abrirlos cuando quiero soñar porque no hay nada mejor que hacerlo como cuando sueño mis sueños.
El resto queda para cuando duermo: la pesadilla de soñar que no despierto y ya no puedo soñarte.
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