y aun de mayores gestos,
sonrisas gemelas que bordean nuestros labios
que de tanto besarse mutan tersos,
si nuestros ojos fueran mariposas volarían
a encontrarse en la flor de los recuerdos
de nuestros momentos de fuego, delicia,
placer, fragancia y calma para luego
volver a posarse sobre esta misma mesa
en la que compartimos pan, belleza, sal y cielo.
