Caen mis días suavemente sobre tu mirada
como una tenue lluvia que refresca.
Nada podía presagiar, aunque lo intuía,
que tenernos me daría este aire prístino
para respirar sin pausa para la desdicha.
Esta sensación de conocernos desde siempre,
de amarnos desde siempre para siempre,
de sostenernos desde que madrugamos
hasta que nos despojamos de todo y nos amamos,
es tan única como lo es la permanente sed
de sabernos tocados por ese milagro de ser, juntos.
Los días se suceden, se apiñan las emociones al brotar
las melodías de los sueños que se agolpan a ilusionarnos
y no pasa el tiempo en nuestro tiempo.
Eso es para mi amarte, pensándote siempre.

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