Un puñado de palabras
medidas, apretadas,
apenas susurradas,
dichas casi
como a escondidas,
alcanzan sin embargo,
para enviar penas al exilio
y refrescar así el sueño aquel,
casi ilusión,
de fundirnos en uno,
amor mío,
una noche de éstas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu comentario no se publicará inmediatamente. Quedará en espera hasta ser aprobado por el autor del blog.